Salí del instituto, realmente hacer un nocturno es lo que más me conviene. Digamos que... No viviría si fuera de día. Desde hace mucho tiempo soy un ser muy diferente al resto. Aparentemente soy una chica de 18 años. Me llamo Itmageh, pero es un nombre algo extraño para estos tiempos dejémoslo en Mery. Me quedé en los 18 hace muchísimo tiempo, soy una muñeca que nunca envejece, el destino ha querido que un ser despiadado me poseyera con el abrazo allá por el 68 A.C. Fui entregada a las garras de las bacanales, yo era el regalo de uno de los cónsules, este resultó ser una maldita sanguijuela. Me desangró desnuda después de las diversas vejaciones a la que fui sometida. No lo culpo, ahora soy yo la que disfruta haciendo lo mismo, me encanta matar. El olor a sangre, uhmm, el destino me ha facilitado las cosas, soy una hermosa criatura de mediana estatura, con muy buenas proporciones; ojos grandes oscuros y una melena negra que enloquece a los incautos.

Ahora "vivo" en una ciudad muy grande, las poblaciones pequeñas me traen problemas ya que al desaparecer gente no es como en antaño. Tengo que ser cuidadosa, los humanos investigan más de la cuenta y no es plan de descubrir el juego. He alquilado una habitación y la mujer que me cobra el alquiler piensa que mis padres son un par de drogadictos que no saben qué hacer con sus miserables vidas. Me he ganado cierta reputación entre mis compañeros de clase, la siniestra y solitaria Mary. Si por mí fuera morirían todos desangrados, pero quiero entretenerme y no perder la escasa humanidad que me queda. Zorra estrecha quizá, qué más da. Yo lo paso muy bien cuando salgo a unos locales de la ciudad vecina. Últimamente estoy descubriendo un universo nuevo para mí, he aprendido lo que ellos llaman BDSM, cultura fetichista, me encanta el sexo, es lo único que no he perdido de mi anterior vida. Recuerdo la primera noche como si fuese ayer, en este mundo en constante cambio no han variado las bacanales, ahora más sofisticadas.

Eran las 23:30 de la noche tenía los labios pintados de carmín intenso y las mejillas sonrosadas debido a mi "cena" reciente. Me había ataviado con mis galas de lolita, quería probar las juergas contemporáneas. Siempre sentí predilección por la estética oscura, eso me ayuda a ocultar mi vida siniestra más fácilmente. Entre el ambiente gótico soy conocida como Lady Vamp. Me es gracioso todo, haciendo el papel de aparentar lo que realmente soy... ¿No os lo parece?

Quedé con una amiga para enfrentarme a mis deseos, el local se llamaba Mazmorra Zero, las luces de neón me fascinaban. Un forzudo portero no me quitaba el ojo del escote con un comentario obsceno en su mente, que criaturas más sencillas y a la vez tan deliciosas. Dentro la música de Alien Vampires sonaba a toda potencia, un grupo de personas contoneándose semidesnudas en unas tarimas negras, extractores de humo y luces intermitentes similares a pequeños relámpagos. El olor era embriagador a carne, sexo y sangre. Me deslicé por la pista donde la gente se acercaba frotando sus cuerpos, al cabo de un rato parecía que el tiempo se paraba, la música parecía hacerse menos fuerte y los movimientos lentos. Vi una chica rubia de mirada penetrante que no me quitaba ojo en todo momento. Iba seguida de un chico de cabellos largos de aspecto agraciado, muy bello para ser chico. Me gustaba la idea.

<<Ven a mí, no te cortes...>> Pensé. A los pocos minutos estaba la chica bailando a mí alrededor junto con el chico por detrás mientras notaba el roce de sus cuerpos calientes. Los invité a que bebieran y se presentaron, eran un par de góticos lo que me resultó fácil para entablar conversación. Les incité a que fuéramos un poco más lejos, con ello la sonrisa de la mujer rubia lo dijo todo, estaba dispuesta. Se acercaron a la barra donde un hombre lleno de tatuajes y piercings les dio una llave seguido de un gesto de complicidad. Han alquilado una mazmorra, mi fino oído podía escuchar más allá del estruendo musical.

Subimos por una escalera que había al fondo, junto a una jaula en la que una muchacha exhibía su cuerpo desnudo atado con cadenas. Podía notar los ojos del chico clavados en mi trasero conforme ascendía. Llegamos a una fuerte puerta de madera llena de remaches que me recordaban a tiempos pasados. Dentro la oscuridad se hizo presente, aunque yo podía ver perfectamente cuando los demás no veían nada. Encendieron una luz roja y me recordó a la inquisición de la vieja Europa: potro, cadenas, una celda reducida en suspensión, y una mesita metálica similar a las de quirófano, contenía instrumental brillante. Era excitante contemplar todo aquello; mientras no salía aún de mi asombro el chico me sujetó lo humanamente fuerte que pudo. Me dejé llevar por la excitación y me ataron con correajes de metal y cuero. Ya encadenada empezaron a juguetear con mi pálido cuerpo, la situación fue extremándose cuando la chica comenzó a dibujar siluetas en mis senos con un bisturí. Las caricias mas intensas tuvieron lugar el olor a carne, sudor y sexo. Todo iba controlado hasta que por un accidente mis instintos despertaron. Un pequeño corte en la piel del chico en un forcejeo me hizo relamerme, imaginad a un gran blanco observando desde abajo en las profundidades a su presa hasta que le llega el olor a vida ...a sangre.  

En ese instante las cadenas reventaron de mis muñecas, mis uñas se hicieron más gruesas y los enomes dientes salieron al exterior. Se fue la luz roja, todo estaba oscuro y mi hambre fue creciente conforme escuchaba el sonido del pánico en ellos. Pum... pum... pum... el sonido del corazón. Me abalancé sobre el chico y le desgarré el cuello sin piedad y la luz parpadeaba, los destellos eran escenas de sangre, que lo salpicaba todo hasta que observé a la chica rubia que se intentaba esconder.

-¡Gatita! ¡Ven gatita! - Hice cambiar mi voz de dulce a grave en un momento. Sabía que me sería imposible tranquilizarla.

-Zorra puedo ver en la oscuridad, no te escondas. Si huelo tus orines, eres un estúpido saco de sangre.- Cambié de nuevo la voz a dulce. -No te voy hacer nada bonita, ven...-

La vi en la esquina arañando la pared, dejando surcos de sangre, rompiéndose literalmente las uñas. La luz volvía a crepitar, y miro mis oscuros ojos, inexpresivos, sin vida.

Era una madrugada de humedad, al salir del local me puse la chaqueta en la que figuraba "Love is Blood". Arrojé algo brillante a la papelera, me percaté y quité el anillo del dedo que acababa de tirar. Puede ser un buen recuerdo de una noche de sexo y pasión.

Imagen: Mark Ramsay (registred)