Oscuridad total, el silencio, la nada... Abrí los ojos lentamente, la ligera luz que penetraba en mi nervio óptico me producía pequeños pinchazos. Cuando me percato de que todo lo veo sin color, solo blanco y negro. Una pobre escala de grises que bien podía parecer fotografías de épocas pasadas. Todo era muy extraño, la estancia en la que me encontraba estaba empapelada con brocados en negro que pueden ser en color pero mis ojos no pueden percibirlo. Comencé a buscar a mí alrededor y la cama en la que me encontraba se encontraba al fondo de la habitación, una ventana relativamente cerca en la que podía ver el cielo gris y un árbol en su esqueleto carente de vida. Pasados varios minutos hice el intento de moverme y para mi desgracia solo podía articular los músculos del rostro. La desesperación se hacía presa de mi conforme trascurrían los segundos, minutos, horas. Intenté pedir ayuda pero fue en vano. Al parecer me encontraba totalmente solo en aquél universo gris.
Me quedé dormido con los ojos llorosos hasta que desperté y todo seguía tal cual lo dejé antes de abandonar la pesadilla por momentos. La sensación de tener el cuerpo muerto me acongojaba, recordaba aquellos infelices que dependen toda su vida de otro cuerpo sacrificado para su bienestar. Todo carecía de sentido, pero los lúgubres pensamientos de encontrarme postrado en la cama me provocaron un llanto incesante. Lloré y lloré hasta contener el hipo, y para mi sorpresa vi que mis lágrimas eran tan oscuras como el crudo petróleo. El espeso líquido negro se resbalaba por mis mejillas hasta chorrear por las sábanas; parecía que no iba a parar de salir de mis lagrimales, empapó toda la cama hasta que comenzó a gotear en el suelo. Se formó un charco negro y no puede contener el asombro cuando el fluido negro se desplazaba a una esquina de la habitación. Trepaba por la pared cubriendo los dibujos brocados, escaló hasta la esquina que depara la pared y el techo, allí se detuvo. Lo mismo mi mente estaba sintiendo un acceso de locura pero aquellas lagrimas negras parecían respirar. Intenté deshacer esa idea de mi cabeza, pero conforme pasaba el tiempo aquello respiraba, de alguna forma no era un simple líquido. Sentí un escalofrío cuando la alcoba comenzó a oscurecerse, el techo era casi imperceptible para mi monocrómica visión. Toda la luz se apagó quedando ilógicamente solo el alrededor de la cama iluminado. Deseaba que la penumbra fuese mi única compañía, pero algo estaba compartiendo el mismo aire que respiraba, algo estaba observándome desde la oscuridad. El rincón, es en ese rincón, todo el mal proviene de allí. Dicho pensamiento me sobrecogió. Desgraciadamente mi mente no me estaba jugando una mala pasada, en cuestión de minutos algo parecía tener forma en las alturas pegado al techo. La luz comenzó poco a poco a generarse, otorgando una atmósfera en la que comenzaba a distinguir las formas del papel de la pared. Intentaba pensar en cualquier otra cosa, hasta que unas manos largas y finas surgían de la oscuridad pegadas al techo. Largas y monstruosas eran aquellas erráticas manos; una figura escuálida similar a un cuerpo femenino en sus movimientos. Una morfología pálida y desnuda que se arrastraba hábilmente.
Observaba desde mi cama como clavaba las uñas en la pared aquel ser y como se iba desplazando al centro de la pared lentamente. El silencio se rompía conforme sus garras destrozaban la pared para mantenerse en esa posición. Comenzó a descender al suelo hasta que la melena casi tocaba el suelo y contemplé horrorizado que carecía de ojos. La infame criatura se contoneaba por el suelo gateando como si de una bestia salvaje se tratase. Comencé a sudar, mientras mis oídos captaban el sonido de los pasos, el ruido que producían esas largas uñas sobre el oscuro suelo. El corazón parecía querer salir de mi pecho, estaba acercándose y los pies de la cama no me permitían ver cuando se encontraba casi pegado a la cama. Me sentía presa del pánico al no poder moverme, quería mover las piernas pero era totalmente imposible. La respiración era agitada, era un ruido ensordecedor en mi cabeza, me enloquecía el pánico incontrolable. Recordaba las viejas películas de terror cuando empezaron a emerger las largas uñas en los pies de la cama. Notaba el peso de esa criatura monstruosa acercándose, recorriendo mis piernas con un cuidado felino. Cerré los ojos e intente pensar que era todo una pesadilla, pero podía oír su respiración sobre mi cara. Abrí los ojos y se presentó ante mí un espectáculo grotesco, aquella cosa estaba exenta de ojos y de nariz... Solo una gran boca enorme con unos dientes afilados, finos como clavos blancos. En aquél momento temí seriamente por mi vida, cualquier mal movimiento desencadenaría la tragedia. Acercó una de sus arácnidas manos y me hizo en su boca el gesto de silencio y seguidamente intento hablarme. Solo pude oír ruidos carentes de sentido, un idioma arcaico similar al de los bebés. Hasta que cansado de que mi cara expresase el desconcierto y extrañeza al no entender nada de lo que intentaba decirme posó su mano en mi boca. Era cálida y de un tacto suave. Me traspasó un olor familiar y una paz que jamás había experimentado. En ese momento mis ojos se abrieron más del asombro al escuchar mi voz saliendo de aquella terrorífica boca. Me dijo que me estaba esperando y al acercarse más contemple la similitud morfológica de esa cara con la mía... Entonces posó su boca en uno de mis oídos y pronunció unas palabras que nunca olvidaré... Pronto la luz fue desvaneciéndose, recuerdo la sensación familiar y mi voz escuchada como un espectro atrapado en el tiempo.


magnifico escrito de principio a fin ! mientra yo leia tu texto puse la musica del reproductor y fue genial ! interactuaron muy bien ...saludos
buena semana
heteroflexible .!