He renunciado a los principios más humanos desde lo que aconteció aquella fatídica noche. Apenas me paro a recordar, ya que las imágenes me viene por si solas cuando cierro los ojos. Siempre sumido en la oscuridad, en el perpetuo horror de no poder soportar lo que soy. Apenas encuentro respuestas, pero si se las enormes consecuencias que conlleva ser esclavo noche tras noche, encadenado a una macabra necesidad. 

Formo parte de las peores pesadillas de los seres humanos. Mi presencia hace sufrir a los animales que son capaces de oler el mal en cuanto lo tienen delante. He permanecido así durante más tiempo que cualquier otro ser, perdiendo todo vinculo con lo humano, exceptuando una bonita fachada de carne que simula el deseo y la perdición. No puedo amar, no puedo permanecer en un mismo lugar por mucho tiempo. Mi existencia depende de una serie de normas que debo cumplir sin dudar. Si me salgo de ellas seré pasto del viento gélido que todo lo retorna. Mi lugar está en las tinieblas, siempre solo, con la única compañía de la silenciosa soledad. Aquello que amo termina por marchitarse, o lo que es peor, termino corrompiéndolo. Se que rompo las leyes de la naturaleza, que no existe ni cielo ni infierno para alguien como yo.

Juré no volver a amar, que mi lugar no está entre lo que vive y siente; pero tanta soledad me destruye. He visto tanto sufrimiento que no se puede comparar con la pesada cruz que porto sobre mis espaldas, nadie me puede ayudar. Lo que parecía en un principio un milagro oscuro ahora se convierte en una maldición. Esta situación me hace maldecirme y pedir la muerte a gritos con cada anochecer. La pena fluye por mis adentros, un vacio absoluto y comienzo a decaer en un estado en el que ya no siento ni frio ni calor. Añoro esos pocos momentos felices en los que aún apreciaba una vida por delante con la prisa de tener que vivir intensamente. Ahora lo único que me queda es el tiempo, la fría e incesante noción perpetua de los días, meses, años...  

Solo espero que con el tiempo esta carta caiga en manos humanas y sepan el delírio de una muerte que jamás viene a por mí.