El extraño viaje
Hablan de un lugar lejano, que existe aún en la memoria de unos pocos. Con su mención eriza la piel a los más valientes, es un sitio donde jamás se retorna.
Rodeado de una espesa niebla la vieja barcaza rechina como una rata herida; parece un pequeño cascaron flotando sobre una balsa de aceite negro; ya que las nubes son siempre oscuras y perpetuas. Esperaba agazapado sobre una roca, a mi lado se encontraban unos seres exentos de vitalidad. El frío me hacía tiritar con la sensación de que se me hiela hasta la última gota de sangre, mis manos están entumecidas, amoreteadas por el gélido aire. Un olor nauseabundo se desprendía de aquellas oscuras aguas. La niebla se levantaba de la superficie, otorgando un aspecto fantasmagórico a la escena. Lo único que rompía el eterno silencio eran las respiraciones de mis acompañantes, protegidos por túnicas roídas provistas de grandes capuchas. Todo aquello parecía una pesadilla, no comprendía realmente que hacía en aquel lugar. Con la imagen de una laguna gigantesca y un viejo muelle a punto de caerse a pedazos. Los amarres sujetaban con vehemencia la embarcación. Poco rato después el silencio absoluto se hizo presente.
Dormitaba con la barbilla apoyada en el pecho, intentaba mantener el calor corporal como fuera posible, pero una brisa helada nos sobrevino al compás del sonido de un cuerno. Entonces ocurrió algo que me sobresaltó, el cielo se oscureció de repente en una noche cerrada. Los murmullos de mis moribundos compañeros no cesaban hasta que divisamos una tenue luz que emergía de entre las tinieblas. Conforme iba aproximándose pude distinguir algo que navegaba lentamente sobre las tenebrosas aguas. La madera ennegrecida de la barca chocó suavemente contra el muelle. Un solo tripulante nos aguardaba, era alto como una torre y cubierto con una gran túnica negra. Sostenía en una de sus manos una gran vara que estaba ornamentada con formas óseas, hasta terminar en un cráneo provisto de cornamenta. Salí de mi asombro cuando una de sus manos se alzó con un gesto para que nos acercáramos, aquella garra estaba desprovista de carne. Con mucho temor mis acompañantes se levantaron despacio siguiendo torpemente el camino hasta el muelle. Una extraña fuerza negativa cubría aquel ser que sumido en el más absoluto silencio nos esperaba. Nosotros éramos su tripulación... Comencé a tener un miedo real, algo palpable en el ambiente enfermizo de aquellas aguas. No pude evitar moverme hacia la embarcación, cuando estuve apunto de posar un pie dentro miré hacia arriba, vi su rostro. Era solo hueso. No podía ser cierto, estaba en una barca en medio de la nada. Me senté, icé la capucha tapando mi rostro, vi a mis compañeros con sus caras llenas de heridas, llagas e incluso pústulas. No quise emitir un solo sonido de mis labios, me limité a observar. El siniestro barquero introdujo la enorme vara en el fondo y con un impulso la embarcación se propulsó engulléndonos la espesa niebla.
A medida que avanzábamos distinguí fluorescencias en el agua, me asomé y pude ver cuerpos en descomposición arrastrados por la corriente. Algunos con sus ojos opacos me miraban y alzaban sus garras para atraparme. Casi una de esas criaturas me alcanzó de no ser por el golpe que propinó el barquero con su enorme remo. Una de sus manos huesudas me indicó que no me asomase nuevamente. Me recosté, intentaba no pensar en nada. Lo único que percibía era el ruido del agua. Tras un largo rato una enorme figura se dibujaba tras la niebla, poco a poco observé la forma de una isla. Grandes arboles se concentraban en su interior y las formas rocosas se alzaban del agua generando un semicírculo. La niebla fue desdibujándose. Pude apreciar la tenue iluminación de varias antorchas repartidas por la isla. El oscuro capitán nos dejó en el muelle, a la merced del desolado archipiélago. Abandonados a nuestra suerte viendo como se aleja la embarcación entre la niebla. Observé a los demás caminando con cautela por los caminos de tierra que conducían a unos portales construidos en la pared de la montaña. Empecé a sentir una sensación de somnolencia, conforme me acercaba a los portales de roca notaba como el cansancio se apoderaba de mí. Escuchaba una voz familiar que me llamaba desde el otro lado, en la oscuridad, voces familiares perdidas en la memoria de los tiempos.

El blog gótico. Cubil de pesadillas, seres de la oscuridad y el terror
