Terror en la cama
Abrí los ojos en mitad de la noche, notaba que algo me estaba mirando desde el rincón de mi alcoba. Permanecí a en la oscuridad, lo se. Mi instinto me dijo "tápate la cabeza con las sábanas", y unos jadeos revoloteaban por la habitación sin cesar, recé para que terminase lo antes posible. Todo fue en vano, aquello que fuese tiene las intenciones de atormentarme. Se levantó una fuerte tormenta que iluminaba la habitación por cada relámpago. Dicha situación me acongojaba hasta el punto de bañarme completamente por mi propio sudor. Recordaba los miedos infantiles que nunca se olvidan; cuando de repente noté que algo me rozaba los pies, un fuerte escalofrío recorrió mi espalda, similar a una descarga eléctrica. Aquél roce era áspero y desprendía calor. Después de un rato cesó todo, mi cuerpo salió del sopor hasta destaparme, observé con cierto recelo el alrededor del dormitorio. No encontré nada fuera de lo común y me dispuse a dormir de lado. Me relajé y concilié el sueño nuevamente sin problemas. Pero aquello no se había marchado, algo respiraba junto a mi espalda, al otro lado de la cama. Intenté no escucharlo y no pensar en nada...
Era imposible aquella respiración dificultosa hizo estremecer hasta el último pelo de mi cuerpo. Vi algo moverse a los pies de mi cama, era oscuro, estilizado y de grandes dimensiones. Unos ojos rojizos se movían en la oscuridad. Eso desató el terror que se hizo presa de mí. Mis mayores miedos fueron confirmados ante el espectáculo al que no daba crédito. Yo no creía en nada fuera de lo común, tienen que ser alucinaciones mías, no existen seres que acechan en la noche esperando a que te sumas al sueño más profundo. La respiración constante se colocó a la altura de mi oído, un olor acre inundó el olfato. Era como si un aliento estuviese dentro de una boca cerrada durante siglos y ahora se abriera para revolverme el estómago. Me armé de valor sin pensarlo y fui girando mi cabeza poco a poco. Entrecerré los ojos y notaba como el corazón quisiera salir de mi pecho, mi pulso se aceleraba conforme más me giraba. Hasta que estuve frente a frente; abrí los ojos y para mi sorpresa no vi nada amenazador. Estaba vacía mi cama. Pude respirar tranquilo, era todo producto de mi imaginación, si eso mismo era. Aunque para mi desgracia la calma duró solo unos instantes. Escuché los cánticos decadentes de una voz femenina. Una especie de lamentos agudos que me horrorizaban; todo resultaba imposible, no había nadie. Mi corazón volvió a saltar de mi pecho cuando mis oídos captaron el ruido de unas uñas poderosas que rasgaban las paredes, vi algo moverse cerca del armario. De pronto un relámpago fugaz me hizo contemplar el horror. Una criatura blanquecina de ojos feroces, larga melena espesa y unos ropajes raidos manchados de sangre. Para mi asombro con una nueva luminosidad de la tormenta me hizo saber que ya no se encontraba en ese mismo lugar. Siento su presencia como el enfermo denota el paso de su enfermedad bajo la piel. En este instante solo existe el miedo, que me hace olvidar el tintineo de la lluvia, el ruido de las gotas sobre la ventana enmudece.
Escucho una respiración siempre presente, de una procedencia tan macabra que me hace sentirme como un niño abandonado, asustado en la oscuridad de mi cama. Contemplé la silueta en la pared de aquél ser grotesco, con sus retorcidos brazos terminando en uñas infinitas y amenazantes. Sus ojos brillaban en la negrura como dos llamas del averno; creando una estela rojiza que se desprende conforme se contonea alrededor de mi cama. Siempre acompañada de la decadente imagen, con unos susurros femeninos que me espantan al borde de la locura. Sus garras arañaban la fina tela de las sábanas, acercándose más y más a la altura de mi rostro. Mientras entonaba una canción de cuna de tonos agudos y deprimentes... Los espejos de la habitación explotaron en mil pedazos y mi corazón estuvo a punto de pararse. Sus labios agrietados se acercaron a mi oído y pronunció unas palabras que consumieron mi último aliento, aún las recuerdo, sigo vivo después de aquella noche. Todas las noches tras las doce de la noche rezo porque mis peores temores no me acechan en la oscuridad de mi habitación.

Pintura: La pesadilla de Henry Fuseli
El blog gótico. Cubil de pesadillas, seres de la oscuridad y el terror

la loka de por ahi dijo
mm andamos iguales... sueños, desvelos, pesadillas... verdades y demonios.. u_u todo junto... agota...
animos que ya queda poco...
chau!
15 Septiembre 2009 | 11:37 PM