Eres bella y soñadora, a veces perfecta,

contemplo tu rostro agazapado,

con los reflejos de una luna evocadora

que enternece mi pensamiento.

 

El tiempo pasa y no quiero olvidarme,

que un día estuve tan cerca de poseerte.

No lo hice por temor a descarnarte

el alma de tu cuerpo caliente.

 

Crece en mí el ansia, un deseo irrefrenable

que acontece una serie de cambios,

mi mirada se hace feroz y escucho

el martilleo de tu corazón en la oscuridad.

 

El veneno corrompe tu interior,

sufres de dolores innombrables

y solo te queda esperar.

Muere el día y con él la luz.

 

Ojos como llamas infernales,

ya no conozco tu rostro,

¿En que te has trasformado? ¿Ya no

tienes ternura en tu corazón?

 

Ahora se que cuando deseo

pierdo el control, no puedo parar.

Ya no tienes nada,

un rostro pálido y la compañía de

la oscura y baldía eternidad.