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El blog gótico. Cubil de pesadillas, seres de la oscuridad y el terror

21 Marzo 2009

Dhampyr: Cruôris mâter (V Parte)

A veces en determinadas situaciones nos damos cuenta de lo que realmente tiene poder. El amor es más poderoso que la fuerza atrayente del hambre que me produce la sangre. La idea de recuperarme gracias al fluido vital se desvaneció en un fuerte abrazo y las lágrimas de Elisabeth. Sus llantos y gritos llamándome en la más plena desesperación me hicieron reaccionar, estuve a punto de morir. Soy inmortal bajo ciertas reglas que debo seguir, pero un ataque de vampiro por la espalda ha estado a punto de acabar conmigo. No sale de mi la melodía que ahora recuerdo a la perfección; se encontraba en lo más profundo de mi mente, un recuerdo vago que vuelve con fuerza para proyectarme imágenes de mi hermosa madre.

            Las fibras musculares de mi pecho se cosían en mi interior como si de una maquinaria de telar se tratase. Era un proceso rápido y doloroso. Jamás había experimentado una herida de tal magnitud. No podía creer que la muerte me acechara tan de cerca como en aquél momento, solo se que la pequeña Elisabeth estaba sana y salva. Al olerla supe que seguía siendo humana para mayor alivio. He perdido mucha sangre y el hambre depredadora crece dentro de mí. Rogué a Elisabeth que no se acercara demasiado, podría sucumbir en los deseos más primarios. Escuchaba su corazón y el sonido de los miles de canales de sangre que fluyen por su tierno cuerpo.

            Me puse en pie como pude y permanecí en las sombras. Sujeté el mandoble para apoyarme, estaba tan débil que me daba la sensación de desfallecerme en cualquier momento. Mis colmillos crecían bajo mis labios, las uñas de las manos comenzaron a perder su forma humana hasta adquirir la morfología de unas garras. Mis pupilas se dilataron y el iris comenzó a tornarse en tonos rojizos. Sabía lo que estaba sucediendo, estaba experimentando una acción de autodefensa vampírica, adquirir forma salvaje para encontrar comida rápidamente. Comencé a cerrar los puños hasta sangrar, los grandes colmillos me acuchillaban la boca. El rostro de Elisabeth se transfiguró en terror, yo solté mi arma y salté agarrándome por el techo con hábiles movimientos.

Elisabeth quedó sola en la oscuridad, no escuchaba sonido alguno que la alertase; decidió agacharse taparse los oídos y cantar una canción para apaciguar el miedo. Mientras la pequeña cantaba una gota cayó en su mejilla, fría como el hielo erizando su vello corporal. Sus pequeños dedos testaron el fluido de color púrpura, poco a poco alzó su rostro al techo y unos grandes ojos rojos, seguidos de una boca llena de cuchillas blancas la contemplaban. Presa del pánico la chiquilla se agazapó temblando de miedo, con una fuerza poderosa descendió del techo de manera sobrenatural. Una potente la despidió aplastándola junto a la pared que crujió desquebrajándose rápidamente. Era la presa que andaba buscando desde hacia mucho tiempo, una bella vampira de cabellos negros. En ese momento algo salió de sus labios y paralizó el cuerpo de la Dhampyra.

-Estás perdiendo el control, tu naturaleza vencerá a la parte humana. Esa es tu debilidad.- La sonrisa de la vampira pareció iluminar la instancia.

En esos momentos aquellas palabras aplacaron mi sed, regresó a mi el sentimiento de rabia contenida, las ganas de venganza. Notaba como mi pulso descendía, como cada centímetro de mi piel se relajaba. Mi agudeza depredadora se disipaba por momentos, presentía una comunicación telepática, podía reconocer esos ojos. La ternura con la que hace años me miraban, con su presencia siempre a mi cuidado. Había regresado de las tinieblas, era mi madre o lo que quedaba de ella; he recorrido cientos de kilómetros tras su rastro sin saber quien era...

            Mi madre se acercó a mí, su rostro refleja una mueca de compasión, un retazo de la vieja ternura que me demostraba cuando yo era tan solo una niña. Fiel a mi instinto me acerqué en un súbito abrazo que duró tan solo unos segundos cuando sus afilados dientes rozaron mi cuello. Pude sentir las punzadas, una sensación entre el sueño y dolor. Se desvanecieron mis fuerzas como la arena que se deja arrastrar con el paso del viento. El final era evidente, pero los gritos de Elisabeth me otorgaron las fuerzas para sujetar con mayor fuerza la espada y hundirla en el vientre de mi madre. Entre mis lágrimas observé el gesto de felicidad en la cara. Le había ofrecido la salvación. Noté el peso de su cuerpo en mí, ya había desaparecido el aspecto vampírico de su ser, la pude ver como cuando era una niña. Besé y abracé a Elisabeth, mientras observaba en la oscuridad una figura masculina que se alejó al verme... Nunca más la volví a ver...

..:: FIN ::..

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Susana Escarabajal Magaña

Susana Escarabajal Magaña dijo

sólo puedo decirte que eres un buen escritor y que no dejes jamás de compartirlo!!!

22 Marzo 2009 | 02:00 PM

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