Dhampyr: Muñeca asustada (IV Parte)
La sensación de una opresión extraña en el pecho volvía a sentirla, después de muchos años siendo una niña perdí a mi madre. Los ojos inocentes de una niña me han juzgado como algo más que un ser oscuro. El olor de sus cabellos humanos rozando mi rostro y sintiendo sus lágrimas dulces, calientes mojando mi ropa ajustada de caza. Siento desfallecerme mentalmente, mis esperanzas de recuperarla se hacen nulas conforme más tiempo pasa. Lo se, ya que siento el mismo hambre y algo hay dentro de mi que no tiene compasión. El odio que siento me cohíbe de sentir tentaciones, mi única meta es encontrar a la pequeña que me ha dado un rayo de esperanza, no permitiré que nada le ocurra.
Mis pies levantan las hojas secas del suelo con un paso sobrenatural, el roce de mi cuerpo con cualquier rama la hace despedazarse arrastrando todo consigo. Con mi mandoble sujetado en una de mis manos lo dejo arrastrar con el mismo movimiento que mi capa. Comenzaba a morir el sol en el horizonte, mis sentidos se acrecientan al igual que cualquier vampiro en la noche; percibo el olor a sangre reseca, mi ira crece conforme más rápido me desplazo. Para mi asombro una mansión medio derruida por el paso del tiempo se encontraba en lo más profundo del bosque. Me desplazaba ocultándome entre las sombras, trepé de un salto en uno de los árboles que sus ramas se adentraban en un gran ventanal central. A mis olfato vino el olor que llevaba siguiendo desde hace mucho tiempo, ese olor nauseabundo que me hace vibrar cada músculo de mi cuerpo pálido. Una melodía me hizo estremecerme, una voz que hacia mucho tiempo que no escuchaba. Aquella voz femenina provocó que un sudor frio recorriera mi espalda, una sensación extraña me invadió por completo. En ese instante la voz de Elisabeth me hizo salir del trance en el que me encontraba. Derribé varias puertas de madera, era como romper papel con los dedos, subí las escaleras apoyándome en ocasiones en las paredes y me adentré en un salón totalmente a oscuras. Al fondo en la penumbra se encontraba la joven amarrada junto a una chimenea victoriana. Me acerqué y la desaté; su reacción fue abrazarme entre lágrimas, acaricié sus cabellos y la alejé para examinarla. Temía que aquellos demonios hubieran mancillado su pureza. Un alivio intenso me hizo calmar la ansiedad que sentía en el pecho.
Recuerdo perfectamente ese momento, los ojos de Elisabeth se abrieron hasta el punto de sentir el terror en mis venas. En esos momentos no existía el sonido, todo iba muy despacio, el tiempo parecía detenerse por momentos. Los labios de Elisabeth formando un grito desgarrador, en ese instante un fuerte calor invadió mi pecho. Un estruendo en forma de pitido recorrió mis oídos provocándome mareos y sentía como la vista se nublaba amenazándome con entrar en lo más profundo de las tinieblas. Mi vista descendió donde encontraba esa extraña sensación y pude ver una garra afilada destrozándome por dentro, atravesando mi corazón, ahora inexistente, ya no palpita y siento como mi fuerza se desvanece. La sangre goteaba fuertemente contra el piso de madera; pude ver las lágrimas de Elisabeth, su rostro congestionado por el dolor. Una sonrisa con la mirada más tierna que jamás hice, ese gesto fue lo último que recordé. Me desplomé y volví a escuchar aquella melodía que me era tan familiar. Ahora lo recuerdo, era la canción que mi madre me cantaba de niña para que durmiera y dejara de tener pesadillas.
Ahora siento una extraña tranquilidad, apenas siento el dolor y el silencio es lo único que existe en estos momentos. Puedo verme corriendo a los brazos de mi madre, cada vez más cerca de mí. Escuchaba una llamada, una voz agitada de niña... La luz vuelve, el dolor también me acompaña y veo el rostro de la pequeña Elisabeth bañado por las lágrimas. Noto como mi alma humana se muere, la otra parte más oscura está luchando por sobrevivir. El vampiro le grita a mi humanidad que no perezca. Siento un impulso, el estómago me arde y una serie de dolores me hacen retorcerme, un calor intenso recorre mi pecho, algo ocurre en la herida que se enreda como la tela de una araña. Está cicatrizando, el rostro de Elisabeth se ocultaba en mi cuello y el calor de sus llantos me hizo recobrarme. Mis pupilas volvieron en si. Mis ojos violetas recobraron el fulgor y abracé con ternura a la pequeña.

El blog gótico. Cubil de pesadillas, seres de la oscuridad y el terror


Nadia dijo
He estado leendo unos textos y son geniales en verdad, falta mejorar algunas cosillas ,pero son minusculas comparadas a la fuerza que tienen cada uno de ellos, estare visitandote
Estan geniales tus textos.
21 Febrero 2009 | 04:51 PM