El otro lado del reflejo
Escapando por los corredores, con esa respiración que me persigue allá donde esté. La sensación de desasosiego con la oscuridad detrás de mí, se extiende como un cáncer para apresarme. Recorro todos los rincones en los que aún conservan algo de penumbras, se que está en la oscuridad, puedo notar su gélido aliento. Su risa grotesca me traspasa la espina dorsal, se me eriza el vello corporal y algunos destellos veloces pasan junto a mi cara. Al principio no lo quería creer, no podía ser real. No existe nada que no pueda tocar o ver con mis propios ojos, pero estaba totalmente equivocado. Acorralado, escapando de unas garras invisibles llegué a la puerta del viejo sótano, descendí las escaleras lentamente con la ayuda de un viejo candelabro abriéndome paso entre la más intensa oscuridad. La madera crujía bajo mis pies, mi corazón estaba acelerado, podía notar los pálpitos en mis sienes. Es posible sentirse como un niño pequeño asustado bajo las sabanas, recuerdo aquellos tiempos en los que sudaba muchísimo pensando en los seres de la noche. Ahora ese miedo me persigue y me acecha en las tinieblas. Ya estaba en el final de la escalera, cuando las llamas de las velas se estremecieron, mi pulso temblaba y contuve el aliento para no desfallecer. Comencé de nuevo a escuchar esos susurros que tanto me aterraban, una voz femenina me incitaba a seguir hacia delante, me adentré entre los objetos olvidados por el paso del tiempo. El polvo era como una manta, que otorgaba al mobiliario un aspecto fantasmagórico. El aire parecía pesar conforme más aceleraba el paso, el aliento sale frío de entre mis labios, la temperatura de la estancia desciende considerablemente al acercarme a los susurros amenazadores. Entre muebles viejos y tropezándome varias veces pude contemplar el origen de aquellos lamentos ajenos a la razón. Un espejo victoriano forjado con figuras esculpidas a sus bordes; ángeles llorando y demonios sonrientes dibujaban el marco de dicho espejo. El polvo cubría la superficie reflejante de una joya de época olvidada. El romanticismo con que se creaban los objetos en otras décadas no paraba de sorprenderme. Aparté la capa de suciedad con un pedazo de tela cercana, después de unos momentos al contemplarlo pude darme cuenta de un detalle que me heló la sangre al instante. El reflejo de mi rostro no correspondía a lo habitual, mis cuencas estaban vacías, un halo negro cubría mis ojos y mi rostro estaba borroso. Puse mis manos en la cara y eran decrepitas en el espejo. Un grito de horror se escapó de mi garganta y al contemplarme mi figura hacia gestos diferentes, volvieron los susurros de esa imitación grotesca de mi persona. Una de esas manos espantosas atravesó el cristal y apresó mi cuello. En un arrebato sujeté un objeto metálico y lo estrellé sobre el espejo destruyéndolo en mil fragmentos. Todo era una pesadilla, me encontraba en mi cama sudando abundantemente, me levanté y me dirigí al baño. Encendí la luz y me refresqué la cara con agua, alcé el rostro al espejo. Pude ver mi cara de forma normal hasta que antes de girar el rostro contemplé como se dibujaban miles de cortes que sangraban lentamente, escuché los susurros que articularon una frase que no olvidaré jamás. “Tu eres el reflejo, no escaparás de la oscuridad…”.

El blog gótico. Cubil de pesadillas, seres de la oscuridad y el terror


cristal dijo
me gustaria saber muchas otras cosas de ese mundo.
5 Octubre 2009 | 08:56 PM