Agitado, con las manos atadas a correas, perdí la noción de todo, seguido de un intenso mareo que me provocaba náuseas. Mi vista seguía nublada, un dolor intenso me atenazaba las sienes, no terminaba de comprender nada; tampoco en mi situación me pararía demasiado a pensarlo. Podía escuchar el tintineo de algo rozando el suelo, era repetitivo, casi seguía un compás en su vaivén. Después de varios minutos lo borroso de mi alrededor fue tomando forma, eso hizo que mi corazón se pusiera en alerta, por así decirlo, un velo me impedía estar conectado con la realidad. Era una sala de quirófano o de experimentos, todo estaba vacio, ni un alma en la habitación. El ruido de antes era producido por las tiras de las cortinas gruesas de goma. Me desconcertó la soledad del lugar y decidí insistir en mi liberación. No podía soportar el pensar estar atado allí sin nada que poder hacer. Tras varios minutos de forcejeo con mis ataduras me di cuenta de que tenia enganchado a mis venas una entrada para el suero, gracias a la propia correa ingeniándomelas pude extraer poco a poco el catéter. La sangre salpicaba el suelo mientras buscaba algo que ponerme. Salí del edificio desconcertado, temía ser visto, pero no pude ver a nadie, todo estaba totalmente solitario. Avance por las calles, llenas de coches abandonados, establecimientos, era totalmente todo. Me refresqué en una fuente y comí algo de un supermercado. Pasé parte de la tarde contemplando y buscando una respuesta a aquello. El sol comenzó a esconderse por el horizonte, las calles comenzaron a bañarse en la oscuridad y el alumbrado público era precario. Había zonas que estaban totalmente a oscuras, yo me acerqué a una gasolinera bajo las luces del estand y los surtidores. Ni sonidos de vehículos, ni animales, absolutamente nada. Parecía que el único sonido existente que podía percibir fuese mi propia respiración. Me quedé medio dormido en la pequeña tienda de la gasolinera resguardado del frio hasta que el sonido de un grito hizo ponerme violentamente en alerta. Salí de la tienda y me dirigí al centro de la avenida a lo lejos escuche más gritos. Regrese al local y mi instinto hizo que me armara con cualquier cosa y encontré curiosamente bajo en mostrador un hacha (Amigos esto es América, diría el viejo Sam).

Salí nuevamente a la calle y vi algo que me dejó atónito. Una mujer corriendo y cayéndose mientras unas personas la apresaron con fuerza y la redujeron en el suelo. Lo que visioné después me hizo helar la sangre, esas personas la estaban devorando como si de animales salvajes se trataran. La sangre les salpicaba y los restos saltaban para ser recogidos por otros que no tardaban en llevárselos a la boca. Tragué saliva con dificultad y apreté el hacha en mis manos; un frió recorrió mi espalda, no podía creer lo que tenía enfrente. Esas bestias de ojos feroces levantaron sus rostros a mi posición y enseñaron sus bocas ensangrentadas. Pude escuchar el sonido de sus narices al olfatear, muchos estaban medio comidos a causa de peleas entre ellos, era espeluznante la expresión de sus caras. Comenzaron a acercarse lentamente hacia mí y mi instinto me hizo correr con las piernas temblorosas. En aquél instante unos sonidos guturales hicieron que mi miedo se acrecentara, más de aquellos seres salían de la oscuridad, no podía dejar de correr, no quería mirar atrás. Me oriné encima mientras corría, el pecho me ardía y notaba sangre en la garganta. Miles de pisadas firmes y rápidas detrás de mi, aquellos rugidos seguidos de respiraciones agitadas, me desvié a un gran parque buscando sin suerte algún lugar donde atrincherarme. Aquellas cosas saltaban sobre las plantas, se golpeaban entre los arboles y no paraban de chillar. Conseguí salir del pequeño bosque urbano y para mi suerte pude ver un hotel con la puerta abierta. Me introduje y con rapidez, sin pensármelo me giré y coloque el hacha de tranca en la entrada. Cerré todo desde dentro y los golpes a la puerta no se hicieron esperar, eran tan salvajes que los cuadros de la pared vibraban.

Comencé a ascender por las escaleras, subí tantos pisos que perdí la cuenta, quería alcanzar la azotea y poder observarlo todo desde allí. Subiendo noté nuevamente las respiraciones agitadas, hasta que un nuevo chillido me hizo tambalearme mientras subía a toda velocidad. Esas cosas estaban subiendo también, tenia que alcanzar la cima del edificio; llegué y cerré la azotea, el cielo era del color de la sangre. Cuando alcé la vista a la ciudad estaba devastada, ardiendo parte de las ciudades en la lejanía, sumido en el caos total, era como si el infierno hubiese emergido de las profundidades. Aquellas personas sin alma destruyeron la puerta y me rodearon. Yo de rodillas, ellos con sus bocas ensangrentadas observándome; no podía rezar en algo que me pudiera salvar era imposible. Me levanté y me acerque al borde del edificio. Me dejé resbalar cuando aquellas criaturas saltaron sobre mí, en el instante de la caída con el viento guiando mi cuerpo pude ver una gota de sangre subiendo de mi brazo. Eso era lo que perseguían constantemente…