Lágrimas de piano (II Parte)
La lluvia se resbalaba por el océano de mármoles, la piedra agrietada por el paso del tiempo. Un lugar que no conoce la alegría, al menos para la mayoría de las personas. Para mi es mi hogar. La tristeza invadía el cementerio, ya no está tu sonrisa dibujada, hace tiempo que no vienes por aquí. Antes pasábamos días enteros antes del anochecer, hablándote de lo que significa para mi todo lo que me rodea.
Decidí al caer la noche adentrarme en la ciudad, ataviado con mi abrigo largo, contemplando las últimas personas que caminan por las calles de madrugada. Mi instinto guió mis pasos, saltando tejados, ocultándome entre las sombras. El sonido de una melodía de piano llamó mi atención, no estaba muy lejos de mi posición aquellas notas que sonaban tan tristes, como una llamada a la pena. Mi silueta sobrevolando las tejas con la luna detrás, mi fiel compañera en las noches de soledad. Me asomé a la ventana de donde provenía la hermosa canción, desconocía que algo pudiese ser tan bello, tan pleno con el simple tocar de unos dedos. Para mi sorpresa era ella… Sentada vestida de negro con su rostro cabizbajo como si dejase escapar sus sentimientos en el instrumento, estuve más de una hora observándola, mi oscuro corazón se estremeció. Desde la oscuridad tocando con mis largos dedos el frio cristal mojado por la lluvia, contemplaba como de vez en cuando levantaba su rostro para denotar ciertos tonos de la melodía. La luz de las velas bañaba su figura, es cuando la miré realmente como un ser maravilloso. Su perfil se iluminó con la llama de la luz, al clavar la mirada en la ventana desaparecí.
Pasaron meses y meses sin noticias suyas. Por las noches la contemplaba como un ser invisible, anhelando volver hablar con ella. Pero la suerte se puso en mi camino, una fría mañana de invierno surcó la nieve entre las tumbas, era ella llamándome. Mi rostro pálido apareció bajo la tumba donde me recosté, mi sonrisa iluminó su cara, ya no tenía el menor indicio de tristeza. Hablamos durante horas, Amanda contemplaba mis bocetos, dibujé la figura de una niña rubia de once años apoyada junto a un árbol entre las lápidas. Aprobó la calidad de los trazos y el rostro tierno de la chiquilla que mis manos crearon con gran rapidez. Esta vez la acompañé en el atardecer cerca de su casa. Algo quiso decirme antes de marcharse, pero cesó en su intento con su silencio. Su mano acarició mi mejilla, sus ojos brillaron más de lo normal en la oscuridad. Aún recuerdo en la soledad de la noche aquella melodía, como una llamada desesperada, un llanto sin final…

El blog gótico. Cubil de pesadillas, seres de la oscuridad y el terror


Gigalmesh dijo
Podemos estar ante un futuro Poe español, es increible la melancolia convinado con lo socuro el amor... Chico tienes futuro en esto... Te lo digo desde el corazón, me llegan tus escritos al alma. Trasmites muchisimo.
Saludos de un fan incondicional
27 Noviembre 2008 | 03:57 PM