Bocetos del más allá. (IV Parte)
Tras varias averiguaciones siempre ocultándome, pude descubrir que Amanda estaba demasiado ligada a su familia y algo me decía que tenían planes para ella. La melancolía invadía mi oscuro corazón que no ha conocido un lazo tan intenso con alguien desde hace mucho. Por las noches en la oscuridad, cuando estaba todo en silencio maldije el momento en que ella se aventuró en el viejo cementerio, no pudo hacerme caso…
Admiré como el fuego interior se extendía por mi brazo en tonalidades azules a mi antojo, en parte odiaba parte de lo que soy. Tanto poder para estar siempre en soledad, condenado por mi deber. Tras varios días, el cementerio comenzó a llenarse un nuevo entierro, esta vez tenía algo de especial. Estaba Amanda llorando junto a la gente con un pañuelo ocultando su enrojecido rostro, desconsuelo, desolación era la palabra para este tipo de momentos. Un ataúd blanco brillante era sacado de un coche negro de caballos, familiares portando el pequeño ataúd. Me entremezclé entre los familiares y allegados para estar cerca de Amanda que ignoraba mi presencia debido a su estado. Comenzó la ceremonia del entierro justo al pie de la fosa mortuoria, el cura alzando la voz al silencio de la pena presente. Levanté la vista y observe a ella sentada junto al ataúd, agité la mano en modo de saludo seguido de una sonrisa. Amanda observo mi gesto y miró hacia donde mi vista se dirigía y el terror se apoderó de ella. A pocos metros sentada y balanceando los pequeños pies estaba la niña fallecida con su semblante pálido pero risueño canturreando y sonriendo. Amanda se desmayó y tuvieron que asistirla, estuvo recluida en su casa con la única visita del medico ante su colapso nervioso. Una noche me presenté en su ventana penetrando en su dormitorio mientras dormía, la observé desde la oscuridad, y me sorprendió al ver que se percató de mi presencia. Comenzamos hablar serenamente, hasta que calló en la cuenta de lo sucedido, la niña que vio hace meses en mi dibujo era su sobrina, aquella niña que murió de forma repentina sin que los médicos pudieran hacer nada. No quise explicarle, pero me encontraba en la disquisición de tener que hacerlo. Yo custodio las almas de los fallecidos hacia su camino correcto y controlo el paso de almas malignas al otro lado. Mi nombre es Lihn, no he tenido pasado, no se de donde vengo y tampoco si soy bueno o malo. Paró mi explicación aumentando sus pulsaciones, el terror se apoderó de ella. Me vi en la disquisición de desaparecer por la ventana con una herida muy grande en el corazón, mi querida Amanda, la bella chica que aprecia la compañía de las tumbas, la pianista que encoge mi alma, todo eso se ha perdido para siempre.
Penetré en el cementerio arrasando las almas escondidas por medio de mi poder, la irritación por lo que era, no poder disponer de los sentimientos de cualquier humano hacia que mi desesperación fuera en aumento. Me encerré en una cripta durante mucho tiempo, aletargado, entristecido sin más esperanza que el simple paso del tiempo que no significa nada para mí. Ella había desaparecido de mi lado.
Fotografía sacada de: http://gusdepafotografia.blogspot.com/
(web de fotografía de Gustavo Depaoli)
El blog gótico. Cubil de pesadillas, seres de la oscuridad y el terror
