Nota: continuación de los dos relatos anteriores…
Su llamada desde algún recóndito lugar fue escuchada, los oídos del amante oscuro percibieron sus súplicas. Desde la lejanía, miles de kilómetros separando sus corazones, encerrado en una tumba de piedra. El mausoleo de algunos burgueses ya olvidados en el tiempo, un lugar perfecto lleno de tranquilidad, la misma tranquilidad silenciosa con la que susurra la muerte… Abrió los ojos en la oscuridad absoluta dentro del reducido espacio de roca, que ha perdido su olor acre. El aroma de su piel ha consumido los restos del olor corrompido. Los llantos de su joven novicia le hacen suspirar y alzar la mano para apartar una losa tan pesada que necesitaría diez hombres para moverla ligeramente. Se alimentó con sangre caliente para saciar la sed, recorrió cientos de lugares, persiguiendo los susurros y llantos de la joven con mirada inocente.
Cogió la costumbre de algunas personas, durante un tiempo escribió en un diario el paso de los días, todo lo que contemplaba del mundo tan cambiante, la sociedad con su afán de progreso. Los pequeños detalles como el atreverse a quedarse pocos segundos durante un amanecer, provocando ciertas heridas en su piel. Era hermosa la luz del sol, merecía la pena el riesgo. Los cambios de estación, el contemplar como el viento desliza las hojas secas por largos caminos donde la vista se pierde. La idea de ver gente envejecer, realizar duelo ante una situación tan triste y desconocida para él. La idea del dolor, del sufrimiento lo intrigaba… Su viaje lo condujo a un lugar extraño cruzando el océano, tierras vastas de verde intenso, clima tropical de inmensa belleza. Los llantos fueron creciendo en intensidad conforme se adentraba en las ciudades y haciendas cercanas. “En algún lugar se esconde mi pequeño ángel oscuro…” su único pensamiento fue volver a verla, sentir su tacto ahora casi un recuerdo en su mente. Tuve motivos para apartarme, la arrastré por la pasión, la convertí con la maldición más perpetua. Ahora sus llantos despiertan con pesar las razones por las cuales marché lejos de su atrayente belleza…


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