Cárcel de grasa
Pasan los días junto a ese olor acre, la habitación cedida en la oscuridad, restos de comida esparcidos por cada rincón. La única luz procedente de un televisor con sus flashes intermitentes iluminando mi gigantesco rostro, brillante de la grasa acumulada en la piel al cabo de semanas de poco aseo personal. La carente higiene acumula toda clase de insectos que danzan entre las montañas de polvo, suelos pegajosos y el festival de la suciedad mugrienta que encuadra mi habitat.
El sonido lento de mi corazón cada vez menos perceptible, la respiración agitada gracias a unos pulmones aprisionados por el sebo, tan grandes como un puño. Aún noto el sabor de mi última comida que guardo resquicios entre mis dientes depredadores incesantes, depredadores. Apalancado en mi sofa, embutido, silencioso, pero con inquietud interior que desemboca en las puertas de mi estómago, rugiendo como una fiera salvaje, preparado para lo siguiente que hay que engullir. Las horas me parecen eternas si no siento digestión y la sangre caliente en mis entrañas. Necesito más y más, mi cuerpo ha perdido la morfología, adoptando formas redondedas, el vapor pestilente de mi piel, sin parar, sin cesar, el ansia me consume interiormente.
Noto que ya no puedo moverme apenas ni para estirar uno de mis gigantescos brazos, las piernas entumecidas, anchas y deformes, incapaces de soportar el peso de mi cuerpo. Ya no recibo a nadie, hace mucho que no veo el sol, hace mcuho que deje de vivir. Enterrado en mi propio cuerpo, sientola tentación de volver a llevarme algo nuevo a la boca, me gustaría sentir deseos carnales, pero desde hace mucho me siento frío. No he vulto a ver mi cuerpo reflejado en meses, me horroriza la idea de contemplar la degradación, el acúmulo, la gran masa de la que estoy compuesto.
A veces sueño que vuelvo a caminar bajo la luz, mi apetito sereno y la facilidad de ser yo mismo ante la sociedad, no queda nada excepto que vuelve la oscuridad, y cuerpos gelatinosos engulliendo mi esqueleto, mis órganos. Encerrado, preso bajo la carne, esperando el momento en que el corazón se colapse y mi alma se libere de mi mundo. Solo me queda aceptar la realidad y es que mi ansia sigue su curso agrandando mi físico destruyendo mi autoestima. Cuando me sácio tengo la visión de un ser que se encuentra flotando junto a mi, un niño pequeño, de ojos aparentemente indefensos, una gran brecha en el vientre esparciendo sus intestinos por el suelo, siempre el mismo rastro sangrante, un olor azufrado siempre lo acompaña y su carne se vuelve pálida cuando mi hambre se revela de forma animal. Me dice: <<come y festeja, no tengas reparos, has nacido para degustar todas las cosas vivas que se encuentran cerca de tí...>> Desde que escuche sus palabras recuperé las fuerzas para volver a caminar, la energía volvió a mi. Desde aquel entonces, degusto la carne más buena que existe... Mis semejantes, un auténtico manjar....

El blog gótico. Cubil de pesadillas, seres de la oscuridad y el terror

mery dijo
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25 Octubre 2008 | 06:53 PM