La noche se cerró con las nubes abrazando a la luna con su luz plateada, la ciudad en su sereno silencio hasta que despertó una brisa, que se introdujo en la ventana en la mansión más reputada de la ciudad. La habitación de la doncella en la cima más alta, la señorita aristócrita hija única de la familia en sus aposentos. El aire fresco fue abriendo poco a poco la ventana hasta quedar de par en par. Una entidad del mismo infierno se diluyó en el aire tomando forma en lo más oscuro de la alcoba, una forma masculina en las tinieblas avanzó lentamente, el brillo de los rayos lunares descubrian su forma, de corte elegante, piel blanca como el mármol, labios provocadores y sus cabellos ocultaban la mitad de su rostro. Entre los velos de la cama de banbalínas sus manos afiladas acariciaban las sábanas, llegando cerca del cuerpo caliente de la doncella. Se agachó junto a su lecho, su rostro frío cerca de las velas que se apagaron con una sola mirada, una sonrisa se dibujó en su cara mientras observaba a la chica en su profundo sueño, ausente de la presencia del ser que está a pocos centimetros de ella. Sus manos blancas de grandes uñas acariciaron sus cabellos, y la comisura de los labios de la joven. Su boca se entreabrió, dos grandes colmillos agrandaron con forme el calor de sus labios se aproximaban a la piel, los caninos crecieron abarcandolo todo.
En ese instante los ojos de la joven se posarón hacia la oscuridad, desde allí unos ojos oscuros como los de un felino, salvajes, exentos de calor, un depredador nocturno junto a su cama, solo el sonido de su respiración y los latidos del corazón cada vez más acelerados a causa de la impresión. Una pesadilla, quizá un sueño nocturno de los que se comentan junto a una luz ténue, todo parecía tan irracional, historias de demonios que vagan junto a los sueños alimentandose del terror de sus victimas, pero esto era diferente. El corazón se encontraba en sus sienes, el miedo a lo desconocido, ese rostro pálido, masculino, carente de vida, pero con gesto apasionado.
En un acto repentino la chica hizo un gesto con la mirada para que se acercase más, acariciando tímidamente su rostro frío, la luz de la luna mostrando la mitad del perfil de la cara de aquel ser. Sujetó las manos del vampiro y las condujo a su cuerpo delicado, las largas uñas raspando la tela de su ropa.
El hijo de la noche abrazado a la joven mortal, detrás de ella besando su suave cuerpo, cautivo de los encantos de la doncella ahora medio desnudos durante toda la noche, envueltos en una espiral pasional, hasta que la chica agito su pelo hacia un lado dando paso al vampiro para que la acogiera en el beso mortal, la sangre recorriendo su interior trasladándose a la boca del bebedor de sangre, el sonido de los pálpitos débiles, perdiendo fugacidad y la vida escapándose por segundos. Las manos de la joven que antes sujetaban las sábanas con fuerza dejaron de moverse. Su rostro palideció, sus cabellos adquirieron un brillo distinto, todo su ser se había transformado, ya no quedaba nada mortal en ella, solo un vasto reflejo de humanidad. Las fuerzas de la oscuridad se apoderaron de la doncella, otro ser de mirada depredadora acariciando el cuerpo de su amo, una extraña forma de amar, algo que va más alla de los sentimientos plenamente humanos.
Al amanecer sus sirvientes tocaron su puerta, al ver la ausencia de contestación, entraron por la fuerza. Unas gotas de sangre en la cama y la ventana abierta de par en par... Nunca se supo nada más de ella. A veces alguna lenguas dicen haberla visto a altas horas de la noche caminando junto a un joven desapareciendo en las tinieblas...
Bajoelcandelabro dijo
Una buena descripción del beso obscuro, todo morbo y sensualidad.
"La perfección se consigue con la práctica", dice el Kama Sutra. Cuanto más escribáis, mejor lo haréis. Leed y amad el lenguaje. Y vivid intensamente cada pálpito de corazón.
Saludos vampíricos.
4 Agosto 2008 | 03:10 PM