Sentado en la oscuridad junto al fuego, las llamas reflejándose en mis ojos mirando al frente en algun lugar incierto. Aprieto los puños en silencio, el calor de las flamas enriquecen mi piel ante el estremecimiento que siento cuando comienzo a pensar. Solo estás tú, abro los ojos y en cualquier momento siento el presagio de que nunca podré olvidar nada. Me equivoco cuando pretendo negar lo sucedido. Existe algo..., un recuerdo, me trasporto a ese instante en mis sueños, yo no decido esa situación, pero soy un esclavo de tí.

Se derrama en mi sueño el corazón en su propia sangre, recuerdo esa mirada cautivadora, tu piel bañada en la oscuridad, tu silueta en las tinieblas con un haz de luz que corrompe mi oscuridad, a veces pienso que no es real. No encuentro soluciones, no encuentro razones para volver a pensar. Tengo que decirte que formas parte de mí propia existencia, siempre presente desde lo más íntimo a lo más trivial. Me despierto junto a ti, al aparecer los primeros rayos del sol puedo quedarme quieto, fijar mi mirada y contemplarte. Prendado de mis deseos que se forjan en un sentimiento, viajar en aquel lugar, no pretender salir de allí. Estar siempre juntos, en este jardín salvaje te encuetro con dos rostros diferentes, uno de ellos es tu belleza corrompida con lagrimas resvalando por tus mejillas. Otro de tus rostros es un aspecto felino, impredecible, denotás fuerza en lo que dices, en tu mirada clavada en mí. No necesitas hablar para expresarme lo que quieres de mi, sientes mi dolor y me aportas esa fuerza interior. Me haces saltar al vacio, me abrigas con tus grandes alas de ángel en la caida. Cometo el error de querer arriesgarme, pero siempre estás tu allí, ahora veo tus ojos y las nubes del cielo a nuestro alrededor.

Ahora vuelvo a despertar, junto a fuego, mi alma desconsolada con un corazón de hielo que se evapora junto a tí...