Voces del mal
El mal nace del mal, así comienza la historia del joven Erik, desde muy pequeño siempre ha sido diferente, nunca lo llegaban a comprender. Su padre un hombre poderoso despreocupado de todo, y su madre una narcótica adicta a cualquier cosa que supere los cuarenta grados. Erik se formó en un ambiente hermético hasta la adolescencia, retraído, introvertido y las pesadillas nocturnas siempre presentes. Seres extraños lo visitaban por la noche, personajes sin labios, deformes que le hacían compañía cada vez con más frecuencia. Al principio el miedo se apoderaba de él, hasta que un día tuvo el valor de hablar con uno de ellos. El fuego interno de sus ojos, su potencial, aquellas bestias se relamían, fueron sus educadores, allá donde vaya siempre los tenía presentes. Pronto en el entorno familiar lo tomaron por loco, en el colegio era perseguido, maltratado por hablar solo. Y no tenía éxito con las chicas cuando fue emergiendo la pubertad. Chico educado, con excelente intelecto, encerrado de todo lo demás, su único mundo cuatro paredes y la grata compañía de “ellos”, aquellos de los que ya nunca habla y mantiene en secreto.
Un día se atrevió a cruzar cuatro palabras a una chica que le gustaba y en ese instante aparece el novio ridiculizándolo ante el equipo de futbol de la universidad. Esa noche después de curarse frente al espejo del baño, surgió uno de sus inseparables amigos, con sus grandes garras afiladas acarició sus heridas, le propuso venganza, que la sangre corra, nada más perfecto que una obra maestra. Durante el trascurso de varias semanas investigó las costumbres del estúpido novio. –Ella será mía- pensó.
Los celos de Erik le consumían por dentro, el fuego de la ira se reflejaba en sus ojos, fruncía el ceño cada vez que recordaba el rechazo de los demás, su aislamiento y el castigo continuo de sus padres. Las madrugadas sobresaltado por su propia rabia, bañado en sudor, y allí estaban ellos, sentados al pie de la cama, agarrándose a las paredes de su habitación. Bocas llenas de dientes afilados o cosidas por algún extraño ritual. Esa noche se propuso Erik a idear su venganza, todo estaba dispuesto a falta de esperar su momento…
El novio tenía la costumbre de ir a nadar en la piscina de la universidad hasta bien tarde, después como siempre, los vestuarios solitarios en la intensa tranquilidad. Pero esa noche no estaba totalmente solo, Erik aguardaba en las sombras del inmenso gimnasio universitario, con todo listo en su mochila, la tensión se denotaba con facilidad en su rostro. El joven esbelto lleno de brillos del agua adherida a su piel y una toalla en la cintura abrió la taquilla para recoger los enseres de baño. El agua caliente cayendo por su cabeza, deslizándose por todo su cuerpo, abstraído de los ojos que lo miran sin cesar a través del cristal opaco de la ducha. De espaldas a él, con un espray narcotizante, su cuerpo cedió y lo sujetó por los hombros con fuerza, dos bridas para sujetarle las muñecas al aspersor de la ducha con los brazos en alto y el cuerpo suspendido. Erik se sentó en un banco de los vestuarios esperando paciente y hablando con sus deformes amigos, “todo estaba saliendo de maravilla, soy el mejor”, aquellas palabras constantemente sonando en su cabeza. Los ojos del muchacho se abrieron, en ese momento punzadas de dolor en sus brazos, la sangre por la gravedad había dejado de recorrer; intentó ponerse erguido apenas con los dedos de los pies. El miedo invadió su cuerpo cansado y la voz de Erik atenazó sus oídos. Cada palabra que salía de su boca provocaba terror en la mente del pobre muchacho. Le dijo que lo iban a pasar en grande, que la función acababa de comenzar. En ese instante el agua comenzó a caer de nuevo, helada, punzante, los gritos del joven nadie los escucharía. Un giro de muñeca de Erik hizo caer el agua proveniente del mismo infierno, tan caliente que la piel se puso totalmente roja, ampollas, yagas, la sangre hirviendo a escasos milímetros de la piel. De la mochila extrajo un afilado cúter para cortar papel y cartón. “No es un bisturí pero me servirá”, en ese instante paró la caída del agua, unos finos cortes provocando los gritos desgarrados, la sangre bajando por sus piernas, el agua extremadamente caliente provocó la salida rápida y dolorosa de la sangre. Erik comenzó a llorar y sus amigos le dijeron que acabase con esa “llorona”, sacó un martillo y destrozó los tobillos del muchacho. El peso de su cuerpo sin equilibrio desplomándose, las muñecas estranguladas sobre el aspersor del agua. Todo se hizo difuminado, lo veía todo negro poco a poco mientras escuchaba las risas de Erik, otras risas surgieron de la nada, no estaba solo.
La macabra compañía continuó el resto de su vida, ahora en una habitación acolchada. Las caricias de aquellos seres lo consolaban, a veces esas garras destrozaban todo por las noches, hasta el punto de matar a varios médicos…
!!!No estoy loco!!!, Mirad a mis amigos... Están aquí conmigo...
El blog gótico. Cubil de pesadillas, seres de la oscuridad y el terror

melodi-rubia dijo
¡Escalofriante!
Creo que ahora entiendo a mis amigos cuando me dicen que me pierdo mucho por no ver películas de miedo.
Un saludo y sigue escribiendo.
31 Mayo 2008 | 05:49 PM