Lugar de silencio, nada puede interrumpir la paz del lugar a donde la mayoría vamos. Saben de qué lugar hablo, todo termina allí…
Adornado con flores, bancos, jardines, todo rodeado de una atmósfera diferente para ocultar el pensamiento colectivo que se tiene de ese lugar. Mi pequeña historia comienza en aquel lugar.
Miles de nombres, fechas de caducidad, caras en blanco y negro, color y en algunos casos ni eso. El paso del tiempo quema todo. El cielo era completamente blanco, era extraño. No había nadie en aquel lugar. Una niebla empezó a cubrir las calles del laberinto que formaban las sepulturas.
Al caminar despacio durante un rato pude oír pasos, a los pocos segundos más pasos. Me quedé quieto por el pánico, un sudor frio recorrió mi espalda junto a un escalofrío.
Sentía que varias personas estaban justo detrás de mí, al girarme despacio preso del miedo mis ojos se abrieron más y más.
Un ejército de personas: niños, jóvenes y ancianos. Todos ellos con un aspecto extraño, sus pieles eran blanquecinas, los ojos completamente blancos y las bocas completamente negras.
Miraban ligeramente hacia arriba, no emitían ningún tipo de sonido.
Del miedo no podía moverme y avanzaban hacia mí con pasos torpes, pasaron junto a mí sin mirarme. Solo se oían sus pasos, miles de personas andando, pero ¿hacia dónde?

Me volví a encontrar solo en la niebla blanca. La curiosidad me animaba a investigar el origen de aquella situación, pero el miedo me frenaba. Me armé de valor y conseguí hacer con mis piernas lo más parecido a caminar.

Entre los pasillos vi algo extraño una niña blanca de aquellas personas estaba paralizada mirando con aquellos ojos algún lugar que desconozco. Entre la niebla apareció una figura alta y oscura que avanzaba despacio hacia la niña. La cogió de la mano y desaparecieron.

Aquel ser oscuro comenzó a llevarse a la gente hasta que no puede ver a nadie más. Corrí por todas las calles con paso acelerado. Y comencé a escuchar unos pasos lentos que por mucho que corriese siempre los notaba cerca de mí.

Cansado me posé sobre una lápida y casi mi corazón dejó de latir al ver el nombre de la persona fallecida, era mi nombre.
Los pasos estaban justo detrás de mí, al girarme puede ver aquel ser, alto como una torre y oscuro como la noche cerrada. Tendió la mano y una fuerza extraña me impulsó a posar mi mano sobre la suya.
Pude ver su cara, al verla mi cuerpo dejó de funcionar… Todo había terminado.