Bosque brillante
Un grito me hizo abrir los ojos de par en par, me encontraba acostado en una superficie plana y fría. Las luces del techo eran potentes y casi me cegó.
Pude notar un frío que recorría mis huesos, no tenia ropa y desde el suelo miré el techo, a simple vista parecía una nave totalmente vacía.
Me puse en pie despacio y para mi sorpresa no había nada, me encontraba en el centro de la nave, no había ni cajas, ni vehículos, solo estaba yo.
Al caminar hacia el frente noté algo frío en el pie que a los pocos segundos se convirtió en un dolor insoportable. Me había clavado un cristal en la planta del pie.
Mis ojos se abrieron más y contuve a mis adentros un grito de terror. Permanecía en el centro del lugar rodeado por cristales rotos, todo eran cristales. Las piernas me temblaron y me senté.
Con precaución extraje el fino vidrio y la sangre se hizo presente desde el primer momento. Mi respiración se hizo profunda, no podía contenerme el miedo atravesó cada poro de mi piel.
Mi mirada quedó perdida como en esos momentos que uno está pensativo y parece perder la visión por unos instantes. En el fondo sabía que algo malo iba a ocurrir…
Pasaron un par de horas en los cuales rondaban por mi cabeza pensamientos tan coherentes como por qué estaba allí y quién sería el responsable de dejarme en medio de todo aquello.
La sangre se secó y extrañamente no notaba la soñolencia de perder sangre. Me volví a levantar con la idea de buscar una salida. Puse la cara a ras del suelo frío y todo estaba lleno de cristales, brillantes, puntiagudos, capaces de desgarrar la fina piel y más abajo llegando al músculo.
Una idea rondó mi cabeza y me puse de rodillas frente al borde de los cristales y con mis manos me dispuse a hacer un hueco arrastrándolos hacia los lados. Al cabo de un rato comencé a notar que iba abriendo camino, pero numerosas heridas en mis dedos me escocían. Giré mi cabeza para ver el punto de partida y ya había avanzado unos metros para cercarme a lo que estaba a lo lejos, la salida.
Al cabo de un rato no veía mis dedos, sino unos apéndices bañados en sangre. Comencé a mermar mi tarea de escapar por el dolor tan intenso en mis manos, pequeños cristales se alojaron bajo la fina piel de mis dedos. Las lágrimas del dolor bajaban por mi cara y mi boca contenía la rabia interior.
De repente un extraño aire movía los cristales del suelo pegándose en mis rodillas y la parte de las piernas arrodilladas. Al girar la vista el camino quedó sepultado por un nuevo manto de cristales. Estaba aterrorizado por la idea que no paraba de martillar mi mente… Estás atrapado.
No podía apenas moverme para no producir más heridas en mi cuerpo, la desesperación se alojó en mí. No sabía que hacer, si quedarme donde estaba y comenzar a dar gritos sin parar, o serenarme y seguir mi camino sangriento y doloroso.
Opté por lo segundo, no sin quedarme con ganas de lo primero. Pero esa fue mi decisión, tenia que escapar de allí.
Mis manos temblaban del dolor y las rodillas eran un reguero de sangre, estaba cerca de la salida. Y no pude contener mis ganas de escapar y aligere mi tarea. Al aumentar la velocidad el dolor era más intenso, los cristales volaban a mi cuerpo desnudo produciendo heridas por mi pecho, los brazos estaban totalmente destrozados.
Resbalé y mi cuerpo descendió hacía la capa de cristales de formas rectas amenazantes. En ese segundo escaso antes de desplomarse mi cuerpo, pensé, vas a dejar de tener el aspecto que tienes y puede que vayas a morir por las heridas…
Todo se volvió negro, al abrir los ojos notaba sangre en mi boca. La sangre estaba por todo mi cuerpo, muchas heridas me produjeron la caída. Despacio me senté, ya nada me importaba, mi rostro, mi cuerpo estaba recubierto de cristales hundidos en mi carne.
Al sacarme un cristal de la cara un grito de dolor inundó el edificio, gritaba pidiendo ayuda sin cesar, aunque no servia de nada. Estaba solo.
Conseguí arrastrar mi cuerpo mal trecho, pude estirar mi brazo y tocar la puerta con la punta de mis dedos. Pisé los cristales con fuerza partiéndose en millones de cuchillos improvisados en la planta de mis pies.
Al fin, conseguiría escapar de mi prisión de cristales, al empujar la puerta iluminándose en lo poco que quedaba de mi cuerpo sin lastimar. Se dibujó en mi cara el asombro y nuevamente el terror. Un grito se escapó de mi garganta ensangrentada…
Volví a encontrarme en otra habitación enorme llena de cristales…
El blog gótico. Cubil de pesadillas, seres de la oscuridad y el terror

Satán dijo
Dios me ha encantado el sueño tuyo! Tío sigue así son geniales!!! Además es retorcido y todo!
15 Noviembre 2006 | 04:56 PM