El viejo Johnson no aguantaba últimamente una broma, aquel carcamal era odioso. Tremendamente odioso. Se recluyó hace años al final de la calle en la vieja casa que dejó el paso del tiempo igual que su mujer pudriéndose en su tumba con la soledad que sólo los muertos y personas como él conocen.
Yo observaba aquel viejo extraño, no hablaba con nadie y ninguna persona de la calle hablaba de él. Mi intriga por el viejo Johnson acrecentaba en mí por momentos. Lo mismo son tonterías de mi juventud en la que todavía pensamos que hay misterios en la gente que están esperando ser resueltos. Tanto Internet y películas no podían ser buenas para una cabeza que espera asentar la madurez plena.
Pasaban las semanas, los meses y cada vez se le veía menos al viejo antipático por la calle. Yo pensé, bueno este ya… Sólo falta que vengan a recogerlo, y un frío atravesó mi espalda.
Cada vez que preguntaba por aquel viejo seguía viendo las mismas caras de desidia de la gente que lo conocería en su juventud, pero no obtenía respuesta.
Estaba en casa al fanfarrón de mi compañero de piso, una persona casposa y contradictoria, tanto que a veces no sabia si matarlo o enterrarlo vivo, en fin. Se estuvo mofando de la importancia que le daba al viejo Johnson, que curiosamente me extrañaba su aspecto ahora que lo pienso, era bastante alto, tenia una gran melena plateada y sus ojos nunca se fijaban en nadie… Su mirada con aquellos ojos grises era penetrante, aunque la gente dice que nunca volvió a ver a alguien desde que yació su esposa.
Yo le conteste al casposo de mi compañero que no se ría de él, que bastante tenia aquel hombre mayor con soportar el peso de su cuerpo, después de la tragedia de su compañera. El cabreo que pillé de ese estúpido fue tal que le dije: Como te rías más de él, cuando muera vendrá a buscarte para llevarte donde nadie quiere ir… El silencio después de que esas palabras saliesen de mis labios se hizo presente.
Pasaron los meses, el curso estaba en todo su apogeo. Una mañana pude oír el sonido del pequeño coche anunciando las muertes locales. ¡Johnson ha muerto! La misa se realizara a las…
El día transcurrió con normalidad, pero algo merodeaba mi cabeza como un carroñero oliendo la muerte en forma de festín.
El inteligentísimo de mi compañero de piso me dijo nada más bajar: Ya se ha muerto el viejo, ¿vendrá esta noche a arrastrarme de los pelos? A lo que yo conteste casi sin pensar, espero que sí…
La tarde entre apuntes y la luz anaranjada de un sol muriendo en su propia sangre luminosa, joder me duele la puta cabeza, no paraba de pensar en lo que le conteste sin pensarlo al desecho de persona.
Cené y subí a mi habitación, agote los últimos minutos antes de que se cumplieran las doce de la noche en mi reloj leyendo un artículo sobre el consumo de estupefacientes.
Apagué la luz y pasaron varias horas dando vueltas en la cama, parecía que hasta el cuerpo me picaba. Recordaba una y otra vez el pequeño dialogo que tuve con mi compañero… ¿¿¿Vendrá esta noche a arrastrarme de los pelos???...
Pude oír una voz ronca y corrompida articulando la palabra “si” aquel sonido me heló la sangre, aquella voz no parecía de este mundo, sonaba lejana, pero extrañamente no era tan lejana como creía.
La forma de las cuencas de los ojos se reflejaban en la poca carne que se sostenía en lo que parecía una cara. Los labios estaban agrietados y algunos trozos faltaban, se podían ver claramente sus dientes. Los pelos estaban sujetos al pellejo que emergían como hilos blancos que se salen de una camiseta vieja. Los parpados casi transparentes se abrieron mostrando dos ojos totalmente blancos. El viejo Johnson viene en busca de alguien esta noche.
Un viento fuerte comenzó repentinamente, mi persiana no paraba de agitarse violentamente al compás del aire. Al poco, pude distinguir entre el sonido del viento gritos o alaridos escalofriantes en el exterior, pude diferenciarlos al rato y eran risas ahogadas como mecánicas.
Me levante a prisa para cerrar mi puerta con llave, pero algo me decía que eso no era suficiente para esconderse de alguien que no está entre nosotros.
La puerta principal se abrió lentamente, el sonido crujiente de las bisagras me alerto de su entrada en la casa, no se cómo, pero sabía que era el viejo Johnson. La puerta de mi compañero estaba nada más entrar a la casa a la izquierda, sería cuestión de segundos. El viejo cadáver podía olernos en la oscuridad de la noche.
Penetró en la habitación de mi compañero, estaba durmiendo placidamente como el hacia de costumbre. Algo acaricio sus pies por encima de las sabanas, el pensaría que seria alguna de las zorras de las que a él le gustan por Internet. Algo punzante se deslizaba por sus piernas subiendo por su cuerpo liado en aquellas sabanas que aparentaban como si fuera un capullo de seda. Eran las uñas del viejo que tenían similitud con cuchillas afiladas. Rozaban su cara y los ojos de mi compañero se abrieron. La meada del horror fue su única respuesta ante la visión de aquel ser que estaba en la oscuridad.
Al rato todo se quedo en silencio, esa situación me ponía bastante nervioso. Quería creerme que se había marchado el viejo y que todo pasaría.
Me metí debajo de las sabanas y al rato quede dormido. Me desperté y no encontraba ningún reloj, no tenía ni idea de la hora que era, pero lo único que sabia es que todo estaba oscuro.
Un frío se apoderó de mi habitación, la niebla se colaba por debajo de la puerta. No paraba de oír respiraciones descompensadas. No eran mías. Al poco rato sentía una presencia tenebrosa en mi habitación, era el viejo Johnson.
Había vuelto desde el mundo de los muertos para buscarme, pero no sé que quería de mí.
Puede ver en una de sus manos afiladas una cabeza chorreando de sangre oscura, era la cabeza de mi compañero con los ojos en blanco y la boca abierta con expresión de dolor. Johnson se mostraba inerte, su rostro desquebrajado mirándome fijamente…