27 Octubre 2009
Hola dulce dama, no te haces una idea del tiempo que llevo esperándote. Tu dulce olor que embriaga mis sentidos hasta caer en la locura. Siento tu hechizo como un dardo en medio de mi mente. Te las arreglas para apagar el resto de pensamientos banales. Te contemplo desde el rincón más oscuro, mis ojos exploran cada centímetro de tu pálida piel. Tengo sed de ti, hambre quizá, si eso se puede catalogar como un sentir. Tu mirada de felina me despierta los instintos que me hacen sucumbir en el anhelo de poseerte sin cesar. Los rayos tenues que penetran por la ventana despojan de la oscuridad tu belleza. Sigo observando desde el sillón negro de cuero.
Demasiado rápidos los pensamientos en un solo segundo, dulce dama, muero por oler el aroma de tus cabellos, susurrarte al odio que esto no es un sueño. Entre pensamientos decadentes apareces, en medio como un obelisco alzado que oscurece lo que cae bajo su sombra. Mi mundo es diferente al tuyo, ni siquiera se si somos de la misma raza, apenas se lo que soy. Siento un hambre feroz cuando estas a centímetros de mi. ¿Eres mi condena o mi milagro?
Dulce dama me embarga la locura, que me hace sudar durante horas por las noches en mi lecho, la oscuridad que me abriga me somete a la introspección. Tu cuerpo parece iluminarse en mis sueños, te veo recorrer un bosque lleno de vegetación al borde de la muerte, tus ojos proyectan el delirio. Estatuas angelicales parecen llorar en silencio tus últimos suspiros, postrada en el suelo seco con la mirada en la nada. Te encuentro en el abismo, apenas te queda un pie en el mundo de aquellos que respiran, noto el frío en tus manos blancas. Acerco mis labios a los tuyos y aún queda algo de aliento en tus adentros. El ultimo sorbo de vida y lo bello que es tu rostro moribundo, tan puro de vida como una virgen mitificada. Siempre pendiente de mí aparecer, aquí estoy sumido en la catarsis de la locura por amarte medio muerta o perderte para siempre. Te adoro cuando estás a punto de morir con tu cuerpo casi inmóvil, frágil... Que sensación más contradictoria pero a su vez excitante. Abrazarte al borde del abismo, la muerte pendiente de tu vida que se esfuma como las cenizas por la acción del viento. Solo recuerdo fundirme contigo en un acto carnal sin saber lo que sucederá...

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5 Octubre 2009
He renunciado a los principios más humanos desde lo que aconteció aquella fatídica noche. Apenas me paro a recordar, ya que las imágenes me viene por si solas cuando cierro los ojos. Siempre sumido en la oscuridad, en el perpetuo horror de no poder soportar lo que soy. Apenas encuentro respuestas, pero si se las enormes consecuencias que conlleva ser esclavo noche tras noche, encadenado a una macabra necesidad.
Formo parte de las peores pesadillas de los seres humanos. Mi presencia hace sufrir a los animales que son capaces de oler el mal en cuanto lo tienen delante. He permanecido así durante más tiempo que cualquier otro ser, perdiendo todo vinculo con lo humano, exceptuando una bonita fachada de carne que simula el deseo y la perdición. No puedo amar, no puedo permanecer en un mismo lugar por mucho tiempo. Mi existencia depende de una serie de normas que debo cumplir sin dudar. Si me salgo de ellas seré pasto del viento gélido que todo lo retorna. Mi lugar está en las tinieblas, siempre solo, con la única compañía de la silenciosa soledad. Aquello que amo termina por marchitarse, o lo que es peor, termino corrompiéndolo. Se que rompo las leyes de la naturaleza, que no existe ni cielo ni infierno para alguien como yo.
Juré no volver a amar, que mi lugar no está entre lo que vive y siente; pero tanta soledad me destruye. He visto tanto sufrimiento que no se puede comparar con la pesada cruz que porto sobre mis espaldas, nadie me puede ayudar. Lo que parecía en un principio un milagro oscuro ahora se convierte en una maldición. Esta situación me hace maldecirme y pedir la muerte a gritos con cada anochecer. La pena fluye por mis adentros, un vacio absoluto y comienzo a decaer en un estado en el que ya no siento ni frio ni calor. Añoro esos pocos momentos felices en los que aún apreciaba una vida por delante con la prisa de tener que vivir intensamente. Ahora lo único que me queda es el tiempo, la fría e incesante noción perpetua de los días, meses, años...
Solo espero que con el tiempo esta carta caiga en manos humanas y sepan el delírio de una muerte que jamás viene a por mí.

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5 Octubre 2009
Hablan de un lugar lejano, que existe aún en la memoria de unos pocos. Con su mención eriza la piel a los más valientes, es un sitio donde jamás se retorna.
Rodeado de una espesa niebla la vieja barcaza rechina como una rata herida; parece un pequeño cascaron flotando sobre una balsa de aceite negro; ya que las nubes son siempre oscuras y perpetuas. Esperaba agazapado sobre una roca, a mi lado se encontraban unos seres exentos de vitalidad. El frío me hacía tiritar con la sensación de que se me hiela hasta la última gota de sangre, mis manos están entumecidas, amoreteadas por el gélido aire. Un olor nauseabundo se desprendía de aquellas oscuras aguas. La niebla se levantaba de la superficie, otorgando un aspecto fantasmagórico a la escena. Lo único que rompía el eterno silencio eran las respiraciones de mis acompañantes, protegidos por túnicas roídas provistas de grandes capuchas. Todo aquello parecía una pesadilla, no comprendía realmente que hacía en aquel lugar. Con la imagen de una laguna gigantesca y un viejo muelle a punto de caerse a pedazos. Los amarres sujetaban con vehemencia la embarcación. Poco rato después el silencio absoluto se hizo presente.
Dormitaba con la barbilla apoyada en el pecho, intentaba mantener el calor corporal como fuera posible, pero una brisa helada nos sobrevino al compás del sonido de un cuerno. Entonces ocurrió algo que me sobresaltó, el cielo se oscureció de repente en una noche cerrada. Los murmullos de mis moribundos compañeros no cesaban hasta que divisamos una tenue luz que emergía de entre las tinieblas. Conforme iba aproximándose pude distinguir algo que navegaba lentamente sobre las tenebrosas aguas. La madera ennegrecida de la barca chocó suavemente contra el muelle. Un solo tripulante nos aguardaba, era alto como una torre y cubierto con una gran túnica negra. Sostenía en una de sus manos una gran vara que estaba ornamentada con formas óseas, hasta terminar en un cráneo provisto de cornamenta. Salí de mi asombro cuando una de sus manos se alzó con un gesto para que nos acercáramos, aquella garra estaba desprovista de carne. Con mucho temor mis acompañantes se levantaron despacio siguiendo torpemente el camino hasta el muelle. Una extraña fuerza negativa cubría aquel ser que sumido en el más absoluto silencio nos esperaba. Nosotros éramos su tripulación... Comencé a tener un miedo real, algo palpable en el ambiente enfermizo de aquellas aguas. No pude evitar moverme hacia la embarcación, cuando estuve apunto de posar un pie dentro miré hacia arriba, vi su rostro. Era solo hueso. No podía ser cierto, estaba en una barca en medio de la nada. Me senté, icé la capucha tapando mi rostro, vi a mis compañeros con sus caras llenas de heridas, llagas e incluso pústulas. No quise emitir un solo sonido de mis labios, me limité a observar. El siniestro barquero introdujo la enorme vara en el fondo y con un impulso la embarcación se propulsó engulléndonos la espesa niebla.
A medida que avanzábamos distinguí fluorescencias en el agua, me asomé y pude ver cuerpos en descomposición arrastrados por la corriente. Algunos con sus ojos opacos me miraban y alzaban sus garras para atraparme. Casi una de esas criaturas me alcanzó de no ser por el golpe que propinó el barquero con su enorme remo. Una de sus manos huesudas me indicó que no me asomase nuevamente. Me recosté, intentaba no pensar en nada. Lo único que percibía era el ruido del agua. Tras un largo rato una enorme figura se dibujaba tras la niebla, poco a poco observé la forma de una isla. Grandes arboles se concentraban en su interior y las formas rocosas se alzaban del agua generando un semicírculo. La niebla fue desdibujándose. Pude apreciar la tenue iluminación de varias antorchas repartidas por la isla. El oscuro capitán nos dejó en el muelle, a la merced del desolado archipiélago. Abandonados a nuestra suerte viendo como se aleja la embarcación entre la niebla. Observé a los demás caminando con cautela por los caminos de tierra que conducían a unos portales construidos en la pared de la montaña. Empecé a sentir una sensación de somnolencia, conforme me acercaba a los portales de roca notaba como el cansancio se apoderaba de mí. Escuchaba una voz familiar que me llamaba desde el otro lado, en la oscuridad, voces familiares perdidas en la memoria de los tiempos.

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15 Septiembre 2009
Abrí los ojos en mitad de la noche, notaba que algo me estaba mirando desde el rincón de mi alcoba. Permanecí a en la oscuridad, lo se. Mi instinto me dijo "tápate la cabeza con las sábanas", y unos jadeos revoloteaban por la habitación sin cesar, recé para que terminase lo antes posible. Todo fue en vano, aquello que fuese tiene las intenciones de atormentarme. Se levantó una fuerte tormenta que iluminaba la habitación por cada relámpago. Dicha situación me acongojaba hasta el punto de bañarme completamente por mi propio sudor. Recordaba los miedos infantiles que nunca se olvidan; cuando de repente noté que algo me rozaba los pies, un fuerte escalofrío recorrió mi espalda, similar a una descarga eléctrica. Aquél roce era áspero y desprendía calor. Después de un rato cesó todo, mi cuerpo salió del sopor hasta destaparme, observé con cierto recelo el alrededor del dormitorio. No encontré nada fuera de lo común y me dispuse a dormir de lado. Me relajé y concilié el sueño nuevamente sin problemas. Pero aquello no se había marchado, algo respiraba junto a mi espalda, al otro lado de la cama. Intenté no escucharlo y no pensar en nada...
Era imposible aquella respiración dificultosa hizo estremecer hasta el último pelo de mi cuerpo. Vi algo moverse a los pies de mi cama, era oscuro, estilizado y de grandes dimensiones. Unos ojos rojizos se movían en la oscuridad. Eso desató el terror que se hizo presa de mí. Mis mayores miedos fueron confirmados ante el espectáculo al que no daba crédito. Yo no creía en nada fuera de lo común, tienen que ser alucinaciones mías, no existen seres que acechan en la noche esperando a que te sumas al sueño más profundo. La respiración constante se colocó a la altura de mi oído, un olor acre inundó el olfato. Era como si un aliento estuviese dentro de una boca cerrada durante siglos y ahora se abriera para revolverme el estómago. Me armé de valor sin pensarlo y fui girando mi cabeza poco a poco. Entrecerré los ojos y notaba como el corazón quisiera salir de mi pecho, mi pulso se aceleraba conforme más me giraba. Hasta que estuve frente a frente; abrí los ojos y para mi sorpresa no vi nada amenazador. Estaba vacía mi cama. Pude respirar tranquilo, era todo producto de mi imaginación, si eso mismo era. Aunque para mi desgracia la calma duró solo unos instantes. Escuché los cánticos decadentes de una voz femenina. Una especie de lamentos agudos que me horrorizaban; todo resultaba imposible, no había nadie. Mi corazón volvió a saltar de mi pecho cuando mis oídos captaron el ruido de unas uñas poderosas que rasgaban las paredes, vi algo moverse cerca del armario. De pronto un relámpago fugaz me hizo contemplar el horror. Una criatura blanquecina de ojos feroces, larga melena espesa y unos ropajes raidos manchados de sangre. Para mi asombro con una nueva luminosidad de la tormenta me hizo saber que ya no se encontraba en ese mismo lugar. Siento su presencia como el enfermo denota el paso de su enfermedad bajo la piel. En este instante solo existe el miedo, que me hace olvidar el tintineo de la lluvia, el ruido de las gotas sobre la ventana enmudece.
Escucho una respiración siempre presente, de una procedencia tan macabra que me hace sentirme como un niño abandonado, asustado en la oscuridad de mi cama. Contemplé la silueta en la pared de aquél ser grotesco, con sus retorcidos brazos terminando en uñas infinitas y amenazantes. Sus ojos brillaban en la negrura como dos llamas del averno; creando una estela rojiza que se desprende conforme se contonea alrededor de mi cama. Siempre acompañada de la decadente imagen, con unos susurros femeninos que me espantan al borde de la locura. Sus garras arañaban la fina tela de las sábanas, acercándose más y más a la altura de mi rostro. Mientras entonaba una canción de cuna de tonos agudos y deprimentes... Los espejos de la habitación explotaron en mil pedazos y mi corazón estuvo a punto de pararse. Sus labios agrietados se acercaron a mi oído y pronunció unas palabras que consumieron mi último aliento, aún las recuerdo, sigo vivo después de aquella noche. Todas las noches tras las doce de la noche rezo porque mis peores temores no me acechan en la oscuridad de mi habitación.

Pintura: La pesadilla de Henry Fuseli
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6 Septiembre 2009
Después de un par de meses de inactividad literaria creo que es conveniente regresar. Espero tener las pilas bien renovadas; porque sé que muchos deseais reencontraros al otro lado, ese lugar oscuro donde no se retorna de la misma forma en la que se entró.
El nuevo ataúd vendrá reformado con nuevas pesadillas, encuentros con el miedo más palpable y la reflexión sobre la sublimidad de la tristeza. Desempolvaré los viejos fantasmas y contaré historias contemporáneas sobre un terror que no conoce épocas. Desde los antiguos colmillos acompañados de rostros pálidos, hasta las nuevas formas futuras de las que no se escapa la perpetua oscuridad. Todo estará aliñado con la ayuda de informaciones etiquetadas y enlaces. Aportaré más hipervínculos para enriquecer los textos didácticos, en definitiva un híbrido de agenda cultural oscura y blog literario.
Un saludo, os espero en la oscuridad...
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17 Junio 2009
Eres bella y soñadora, a veces perfecta,
contemplo tu rostro agazapado,
con los reflejos de una luna evocadora
que enternece mi pensamiento.
El tiempo pasa y no quiero olvidarme,
que un día estuve tan cerca de poseerte.
No lo hice por temor a descarnarte
el alma de tu cuerpo caliente.
Crece en mí el ansia, un deseo irrefrenable
que acontece una serie de cambios,
mi mirada se hace feroz y escucho
el martilleo de tu corazón en la oscuridad.
El veneno corrompe tu interior,
sufres de dolores innombrables
y solo te queda esperar.
Muere el día y con él la luz.
Ojos como llamas infernales,
ya no conozco tu rostro,
¿En que te has trasformado? ¿Ya no
tienes ternura en tu corazón?
Ahora se que cuando deseo
pierdo el control, no puedo parar.
Ya no tienes nada,
un rostro pálido y la compañía de
la oscura y baldía eternidad.

servido por lacienagaoscura
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9 Junio 2009
Duerme belleza inmortal, de piel inmaculada. Tan fina que si el sol se posase dañaría tus facciones pequeñas. Con los ojos mas bellos ocultando una ferocidad mortal. En mis brazos duerme pequeña, no temas estoy aquí. Escucha el rubor de mi aliento metálico, te daré lo que necesites. Acurruca tu pequeña cabeza en mi pecho, yo te alimentaré de la vida para que crezcas sana y fuerte. Mestiza eres, pero te acostumbraré a ser una criatura como yo. Nunca pensé que sentiría algo más fuerte que la sangre. Eres tu pequeña con tus manos diminutas y poderosas apresando mis largos dedos. Una boca como la tuya con unos pequeños colmillos despuntando y pronto serán grandes armas. Para los demás serías una aberración de la naturaleza, yo te veo como lo más bello que jamás he contemplado. Duerme pequeña, está amaneciendo y la luz no espera a suplicas. Serás mayor antes que ningún mortal. Quizá algún día me repudies por no ser como los demás, y veras como te anclarás en una juventud. No conocerás el amor mortal y el amanecer te dañará menos que a mí. Espero que algún día me perdones por traerte a un mundo caótico, pero solo siento que te amo y haré lo que sea necesario para que salgas adelante. Siento el calor de la sangre en ti, a veces pareces un bebe humano cuando la sangre te proporciona un color más vivo en tu piel muerta. Duerme mi pequeña, duerme... El mundo te espera y serás una bella flor venenosa oculta en un jardín inmenso. Te amo hija de la sangre, nunca te abandonaré.

Imagen: Crepusculovampirico
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17 Mayo 2009
Aquél que ya no pertenece a un mundo de tonalidades vivaces. Su pena se vio trastocada por contemplar el espectáculo que ofrece el último aliento. Ya no queda vida que adorar, solo pena y muerte por doquier. Son en estos momentos cuando se pierde el sentido de la razón consciente para pasar a otro estado de sensibilidad difícil de clasificar. Algo muy similar a una depresión constante que no me deja avanzar a pensamientos menos sombríos. Al cabo del tiempo te das cuenta de que ese estado es la propia felicidad recíproca, mutada a una visión más oscurecida. De pensamientos ennegrecidos, retorcidas ideas que se forjan sobre rincones recónditos del estado semiconsciente.No sabría como elegir el estado perfecto de la plenitud personal, no hay modelos construidos para catalogar tantas mentes distintas, lo que está claro es que no abundan las que tienen un matiz que difiere de la cromaticidad de un mundo que tacha o califica lo que debe de ser vivo en colores y pensamientos.Entonces puedo decir que he fallecido desde hace mucho tiempo, que no tengo ningún vínculo por lo que definirme con tanta homogeneidad abrumadora. ¿Qué nos queda acaso? ¿Hay lugar para una visión diferente e independiente?
Deseo vivir en la tortura perpetua de pensamientos que alegran mi alma de manera paradójica, no pienso llevar puesta la máscara de la conformidad. Esa que sonríe en el teatro y que nunca me ha caído bien.El pasar de los años me hacen ser menos optimista, pero a su vez considero que es un buen camino para la realidad en todo caso. Mi rostro se perturba en la soledad y me deleito con las lágrimas derramadas en una inmersión dentro de mi mente, que a veces resulta casi letal. Aprendí sobre la fuerza de los sentimientos que actúan como dagas afiladas, siempre rozando el corazón hasta que caiga en el sopor del filo metálico. Aún mantengo mi hipótesis sobre el inmenso jardín salvaje del que todos pertenecemos sin un edén, pero en cambio no desistiré en encontrar algo que me haga sentir un poco más vivo. La belleza siempre lo seguirá siendo aún estando rodeada de la decrepitud. Una pequeña flor oscura puede darme una respuesta ante tanta inocuidad. Ataviado siempre con las visiones de un ser dual que se mueve siempre entre dos mundos, el estado pensante y la semiconsciencia que me hace abrir los ojos en la más inmensa oscuridad. Veo seres que se retuercen, que aportan a mi visión siempre algo que va más allá. No tengo miedo a reconocer que mis propios demonios son los que se posan en mi hombro y me susurran las maquinaciones más macabras, que no pasa un solo día en el que no escuche sus palabras, que se desprenden como llamas infernales y se graban a fuego en mi memoria.

servido por lacienagaoscura
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